La manera en la que realizamos nuestro trabajo o las herramientas que utilizamos para ello se han ido modificado en las últimas décadas de manera exponencial.

La llegada de los ordenadores a los procesos de trabajo conllevó cambios sustanciales. Y estos cambios no han parado desde entonces, es más, cada día se nos presentan aplicaciones nuevas con la pretensión de que nos sirvan de ayuda. Si en un momento dado ya nos habíamos acostumbrado a trabajar con estas máquinas, a finales de los noventa aparecen los teléfonos
móviles que en poco tiempo se hacen necesarios para la realización de nuestro trabajo. Y desde hace poco, la utilización de la información en la famosa “nube” se ha vuelto imprescindible, así como la utilización de videoconferencias como algo normal. Todo ello nos ha hecho cambiar hábitos que ya teníamos aprendidos y con los que nos encontrábamos cómodos.

En este contexto continuamente cambiante es en el que vivimos. Y en él debemos acostumbrarnos a estar.

Esto nos obliga a un continuo reciclaje en cuanto a herramientas y metodología que debemos utilizar. Nos obliga por tanto a “asumir” la formación continua como algo natural y necesario dentro de nuestra actividad profesional

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